¿Influye el uso y el abuso de las pantallas en la higiene oral de los niños y en el riesgo de caries infantil?

Durante décadas, la televisión ha estado muy presente en la rutina de los niños. Ver dibujos mientras comen o pasar la tarde frente a la caja tonta —como muchos padres llamaban al televisor en los años 80no es nada nuevo. La diferencia ahora es que las pantallas ya no están solo en el salón, sino también en el bolsillo. Acompañan las comidas, se cuelan antes de dormir y llenan momentos que antes eran de supervisión adulta o correspondían a rutinas usualmente más enriquecedoras como la lectura, el dibujo, el juego o cualquier otra afición analógica.

Estudios recientes apuntan a que no se trata solo de más tiempo frente a una pantalla (grande o pequeña), sino de cómo esa forma de consumir contenidos desordena hábitos clave como la alimentación o el cepillado. ¿El resultado? Una peor salud dental de los más pequeños de la casa.

El problema no es cuánto tiempo, sino cuándo

Hay que ir más allá del número de horas que los más pequeños están delante de una pantalla. Dos niños pueden pasar el mismo tiempo frente a un dispositivo y, aun así, tener hábitos muy distintos.

La diferencia suele estar en cuándo usan las pantallas. No es lo mismo usarlas después de hacer los deberes que tenerlas encendidas durante las comidas o justo antes de irse a la cama. En esos momentos cruciales de la jornada, la pantalla deja de ser entretenimiento y empieza a competir, por decirlo de algún modo, con hábitos básicos.

Cuando un niño come mirando una pantalla, presta menos atención a lo que come, cómo lo come y cuánto tiempo pasa con la comida en la boca. El acto de comer se vuelve automático. Y lo mismo ocurre al final del día: si la pantalla se alarga, el cepillado se retrasa, se hace deprisa o, directamente, se salta.

Por eso, más que contar horas, conviene fijarse en qué rutinas quedan desplazadas. Alimentación y cepillado son dos de las primeras en resentirse cuando la pantalla ocupa espacios que antes estaban más pautados.

Comer frente a una pantalla cambia la forma de comer del niño

Una pantalla encendida no solo distrae al comer. Además, cambia la forma en la que los niños se relacionan con la comida.

Cuando la atención está puesta en un vídeo o en un juego, se pierde conciencia de lo que se come. Se mastica menos, se alargan los tiempos y es más fácil picar sin realmente tener hambre. También se tiende a elegir alimentos fáciles de consumir mientras se sigue pendiente de la pantalla: productos azucarados o bebidas dulces.

Un estudio publicado en 2024, Association Between Screen Time, Dietary Patterns, and Oral Health Among Children, hecho con niños de entre 6 y 13 años, analiza la relación entre el uso de pantallas, los hábitos alimentarios y la salud bucodental. El trabajo no cuantifica cuántos niños comen frente a pantallas, pero sí muestra que, cuando este comportamiento está presente, supone alrededor del 22% de las comidas semanales.

Desde el punto de vista de la higiene oral, esto tiene un efecto claro: más exposiciones al azúcar a lo largo del día y menos pausas entre comidas para que la saliva haga su trabajo y la boca se recupere. Si a eso se suma que después no siempre hay cepillado, el riesgo de caries es mucho mayor.

No se trata de decisiones conscientes. Son hábitos cotidianos que se repiten casi sin pensar y que, con el tiempo, acaban pasando factura a los dientes.

Fines de semana: cuando las pantallas ganan terreno

El tiempo frente a pantallas no se reparte de forma uniforme a lo largo de la semana. Los fines de semana suelen aglutinar muchas más horas de uso que los días lectivos, y eso tiene consecuencias.

En el estudio mencionado se observa una diferencia clara entre días de colegio y días no lectivos. Mientras que entre semana el uso de pantallas tiende a estar más limitado por horarios y rutinas, los fines de semana se dispara.

Ese aumento en sábados y domingos no suele concentrarse en muchas horas seguidas, sino que se manifiesta varias veces a lo largo del día. Pantallas al desayunar, durante la comida, por la tarde y antes de dormir. Y con ello, más comidas desordenadas, más picoteo y menos control sobre hábitos básicos como el cepillado dental.

En definitiva, en fin de semana, al desaparecer los horarios marcados y relajarse la supervisión, es más fácil saltarse rutinas que entre semana están más afianzadas.

Un patrón que empieza antes de la edad escolar

Este fenómeno no aparece de golpe en la infancia tardía. Empieza antes.

Un estudio publicado en 2025, Exploring the link between screen time and severity of early childhood caries in primary molars, analizó a niños en edad preescolar con caries temprana. Los resultados apuntan en la misma dirección: cuando el uso de pantallas se integra en momentos clave del día —como las comidas o antes de dormir—, es más frecuente encontrar caries en fases más avanzadas.

Esta investigación no habla solo de horas frente a una pantalla, sino de un uso que causa problemas: pantallas muy presentes en la rutina diaria, con una exposición que empieza a edades tempranas y con poca supervisión. En ese contexto, se repiten los mismos patrones que vemos cuando el niño se hace mayor: comer entre horas, descuidar el cepillado de dientes y menor control adulto.

Aunque los autores son prudentes y no establecen una relación directa de causa y efecto, la idea es clara. Lo que se normaliza en los primeros años de vida tiende a consolidarse con el tiempo. Y cuando las pantallas ocupan espacios que antes estaban reservados a comer con calma o a prepararse para dormir, los dientes lo notan.

Pantallas y salud dental en niños

Las pantallas no causan caries por sí solas. El problema aparece cuando irrumpen en determinados momentos del día y desplazan hábitos básicos como comer con calma o cepillarse los dientes.

Los estudios muestran un patrón fácil de comprender: más pantallas durante las comidas y antes de dormir, más picoteo, menos cepillado y mayor riesgo de caries, sobre todo cuando estos hábitos se repiten desde edades tempranas.

No se trata de prohibir ni de medir el uso de las pantallas con un cronómetro. Se trata de preservar ciertos momentos del día. Porque cuando la pantalla ocupa esos espacios, la salud dental del niño tiende a empeorar.

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